Bernardo

Bernardo es un muchacho de 21 años, evidente fortaleza y mirada vivaz bajo cejas tupidas. El alumno de la Normal Rural de Ayotzinapa parece mayor pero su padre, de quien es copia fiel, lo describe con detalle: “él es mi hijo, Bernardo tiene en su pecho un lunar, como una manita de gato… él es un muchacho responsable en la casa y la escuela”, dice el campesino al tiempo que habla de las ganas que tiene su hijo de ser maestro “su ilusión era ayudar”, concluye el padre.

La familia de Bernardo es de Atoyac, la misma localidad donde nació Lucio Cabañas, también maestro rural de Ayotzinapa perseguido por las fuerzas del gobierno en los setentas cuando se levantó en rebeldía “al ver que no podía educar niños que no tienen que comer”. De hecho tiene un lejano parentesco con el extinto luchador social, pero nada de eso importa cuando su familia lo recuerda, y hablan de él con gran ternura: “toda la familia está triste y la abuelita no come ni duerme desde que desapareció su nieto, pensando cómo estará sufriendo hambre y desvelos, nunca habíamos vivido algo tan desesperante”, dice su abuelo, Pedro Flores Zamora.

 


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