Abel

Hay algo en la mirada de Abel García Hernández, en su apariencia infantil a pesar de sus 19 años, 22 ilustradores de México y el extranjero escogieron hacer propio su rostro para compartir el hueco que deja con su ausencia, tal vez sea el más retratado de los 43.

Abel viene de una familia campesina de Tecuanapa, es muy delgado y sin embargo su hermana recuerda que después de sus primeros días en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos regreso “flaquito y lleno de lodo”, pero muy contento por haber pasado la primera semana de prueba.

Su madre, María Micaela Hernández, solo habla mixteco, pero entiende español, su hermana Verónica se expresa en nombre de toda la familia cuando dice que Abel es un muchacho muy cariñoso, “siempre que llegaba era para darle a mi mamá su abrazo y su beso”. Habla también de como al muchacho campesino le gusta subir al monte y acarrear leña, y cuando acabó su bachillerato quiso ser maestro “para crecer y ser alguien en la vida”… Aún sin hablar castellano, María Micaela rompe en llanto cuando escucha a su hija decir: “quisiéramos estar en su lugar, dar la vida por ellos”, ella, la madre, dictó una carta en mixteco que Verónica tradujo, en la que comienza explicando: “Siento un dolor tan grande que no lo puedo explicar con palabras, siento que el corazón cada vez se me hace más pequeño (…) Quisiera saber dónde estás para ir corriendo y salvar tu vida, no importando quitarme la mía. Por último, hijo, quiero decirte que tu pueblo te está buscando. Tu pueblo te reclama y vivimos con la esperanza de volver a verte”.


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